Me obligas a escribirte. Me quitaste mi último refugio y me lo das sólo con la concesión de que te escriba a ti; a ti y a nadie más. ¿Por qué te obsesionas tanto con la que menos te merece? ¿Por qué no me das fin y muerte?
¿Para qué me quieres seguir viendo llorar? Como estoy yo prisionera, así estarán las lágrimas detrás de mis ojos; no saldrán. Y si las dejo salir serán para placer mío, de nadie más.
Sigue apretando, sigue hundiéndome, sigue quitando. Tú que eres la vida misma, ¿podrás quitarme la mía también? Al menos entonces podría de verdad verte, conocerte.
Si todo esto es tan inútil, ¿para qué seguir aquí? No puedo estar aquí desnuda, porque por gente como yo, esto desde hace tiempo dejó de ser el Edén.
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