sábado, 15 de enero de 2011

Esperanza contra esperanza


No sé qué sea, si una palabra tuya, si algún comentario ajeno; si algo que vea o imagine, pero que disuelva mi esperanza por completo y termine de convencerme que no fueron sino espejismos de un deseo vehemente que me dejaron en un desierto, engañada y posteriormente, abandonada, con la sed angustiosa que provoca una promesa rota, un sueño caduco; espectros de un pasado reciente, presente; futuro. Constante, ahora; es cierto, lo sigo viendo. No sé si ya salí o estoy en un trance disfrazado, en cada lugar que al paso, siento un poco de esa arena en mis zapatos. Sí, me fundo con la superación y el letargo, y todo se mezcla y termino sin saber de dónde vengo, a quien pertenezco; si el sedante es bueno o es malo. Busco en la decepción un consuelo, como quien busca en la misma muerte su sosiego, quien supera su dolor desde el otro lado del invierno; sólo que sigo en este frío infierno de talla ancha, sin cierre y de mangas largas cuyo final las manos nunca alcanzan; se estiran o se esconden sin esperanza. Eso quiero: esconderme sin esperanza detrás de una pequeña bermeja roca tiesa y pesada. No sé cómo lo hagas, si despierta o entre consejeros oníricos, si en su presencia o tras lunas igualmente cambiantes y kilómetros estrechos. Yo sólo quiero que me dé una amnesia saludable; que si el corazón se inmuta, me des dos ojos y un cerebro nuevos; que no espere un “quizá” perverso y poco valiente de soldados que ya cayeron.


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