Que fuéramos como perros,
que nos sintiéramos dichosos y completos con un plato rebosante de comida,
que resistiéramos con amor la indiferencia,
que una caricia aislada cubriera la ausencia de cien días,
que al llegar al hogar nos recibiéramos con entusiasmo, sin reparar en que el día anterior no jugamos,
que con humildad bajáramos la cabeza después de hacer algo malo, y no ladráramos,
que sintiéramos tanta gratitud que siempre pasáramos por alto los regaños,
que fuéramos tan pacientes para aceptar que hayan días de sonrisas y festejos, y otros en que sin ningún motivo aparente, seamos indiferentes,
que tuviéramos su inocencia para creer que recibiremos la atención que quizá no se nos va a dar,
que halláramos en la rutina la sencillez de la felicidad,
que tuviéramos la confianza de saber que al final del día, el ser amado va a regresar.
1 comentario:
aún en nuestros días esta vida es posible, muchas amas de casa la llevan...
los que pudieron ver que podían tener un poco mas fueron muy infelices en busca siempre de más... y su infelicidad radica en querer conservar lo que consiguen y agregarle mas... no son capaces de dejar ir las cosas, sean entes vivos, materiales o emocionales... Nunca me pregunto si merezco las cosas, las acepto y ya, sean buenas o malas. Las acepto y hago algo con ellas... muchas veces bien logradas...
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