Vestir bien no se hizo para mí. Es tarea de valientes y mujeres que les gusta ser halagadas.
Comienzan a fastidiarme las adulaciones indiscriminadas y poco inteligentes de la gente igual de vanidosa y carentes de autoestima. Cada vez sonrío menos, respondo nada y exhalo el aire con más pesadez.
¿Qué les hace pensar que me visto así para alimentar sus ojos? Soy yo la que necesita verme bien, no los demás idiotas.
Otro problema, fue que me creí muy lista al haber comprado unas pantimedias extras de repuesto (evidentemente, consejo de mi madre). Pero al ponerme las primeras hoy en la mañana, y siendo las segundas que desgarro, cai en cuenta de que fue una mala compra, pues ahora tengo otro par de pantimedias de mala calidad esperándome. Creo que ni me las pondré; dignificaré su uso convirtiéndolas en una malla para mi micrófono.
Si tuviera experiencia en el asunto, hubiera traído ese repuesto conmigo y ahora no andaría con una rajadura en mi pierna derecha.
Necesito encontrar el punto exacto entre estar cómoda, no ceder mi personalidad y parecer “sobrecargo” (deseo de mi jefa que quiere vestirme como muñequita de escala natural). Y finalmente me diga “qué bonita te ves hoy!” y yo tengo que responder sarcásticamente “ya sé, así amanezco” (soy argentina).
Quiero que sea viernes para venir de jeans.